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Análisis: Final Fantasy XV, el final de un viaje infinito

Ya ha pasado un mes desde que la última entrega de la franquicia más famosa de los RPG viera la luz en Playstation 4 y Xbox One. 30 días tras casi 10 años de intenso y turbulento desarrollo en los que hemos podido disfrutar de una nueva, enorme e inolvidable aventura firmada por Hajime Tabata. 4 semanas entre nosotros que nos han servido para meditar, entender y poder afrontar el análisis de la forma más sincera y completa posible. Sin miedo a caer en equivocaciones apresuradas que salen a relucir cuanto menos se ahonda en una obra.  No tengo miedo a equivocarme en esta curiosa enmienda porque equivocarse es parte de la vida y se convierte, sin lugar a dudas, en la mejor forma de aprender. Es evidente (y ya sabido por todos) que Final Fantasy XV comete un buen puñado de errores moderadamente evitables, pero gracias a ellos hemos aprendido a valorar un título que pasará a la historia por sus gigantescas y fascinantes pretensiones.

Antes de adentrarnos de lleno en faena conviene advertir que este análisis ni suelta spoilers ni viene a escudriñar en lo pantanoso del desarrollo del título, que sí es relevante y tiene sentido en cuanto al producto final, pero se aleja de mi interés por ser completamente objetivo y alcanzar un fin con este texto -que no es otro que sacaros de dudas en cuanto a la compra del juego-. Me centraré así en lo importante; las sensaciones que he tenido delante del televisor durante las más de 60 horas en las que he ayudado al joven Noctis a recuperar su trono.

Posiblemente la historia de Final Fantasy XV os suene a muchas otras obras de aventuras. Su argumento principal, al margen de tener empaque con un precioso contexto en el mundo de EOS y consistencia dentro de la Fabula Nova Crystallis, peca donde ninguna historia debería: dejando innumerables huecos e incógnitas mal resueltas. La venganza, el amor, la envidia o la amistad son solo algunos de los muchos ingredientes que caracterizan a las historias bajo el nombre Final Fantasy. Fantasías finales que sin grandes giros dramáticos nos han dejado con la boca abierta disco tras disco y juego tras juego. Y es que lo que nos ofrece la décimo quinta entrega de la saga se queda muy por debajo de las expectativas en cuanto a sorpresas y emoción, principalmente porque para entender mejor a los personajes conviene verse la película Kingsglaive y el anime a modo precuela, algo que tampoco resuelve el porqué de muchos instantes a lo largo de la historia.

Pretencioso y grandilocuente desde un principio, pero poco reflexivo en los momentos más íntimos (ojito con la escena en la que Noctis se entera de que todo se va al garete) el guión no está a la altura de las exigencias y sus errores no parecen ser culpa de Hajime Tataba, su director. Donde no hay donde sacar es complicado ejecutar, pero lo que es innegable es que por la falta de solidez narrativa tenemos un producto a medio gas que solo es entendible dejándose llevar y poniendo mucho de nuestra parte.

Tranquilos, no todo en su escritura parece a trompicones. Los personajes de Final Fantasy XV son una maravilla a la altura de pocos títulos en el mercado. La relación tan cuidada que tienen sus cuatro protagonistas es tan sincera que es complicado no conectar y evitar convertirse en el quinto amigo del grupo. Todos son importantes y todos tienen algo que decir en este periplo tan intenso que es devolver la paz al reino de Lucis. El príncipe Noctis con su apatatía tan particular, el escudero Gladiolus con el coraje y valentía que lo caracteriza, el ingenio y sabiduría del chef Ignis o la divertida e inexplicable forma de ver las cosas que posee Prompto tiene un impacto especial en el jugador y eso se agradece mucho en esta historia.

Pero si por algo se caracteriza Final Fantasy XV por encima de la historia y de los personajes es por su renovada jugabilidad. El sistema de combates ha cambiado y, polémicas a parte, parece la forma más acertada de llevar la acción dentro del juego. Dudo que el ataque por turnos hubiera conseguido la mágica sensación del teletransporte a través de la espada al nivel que lo hace Noctis en tiempo real. Velocidad, descubrimiento y diversión se potencian con un sistema de combate al más puro estilo Kingdom Hearts, donde nuestra misión será combinar sabiamente la técnica “machacabotones” y el uso de objetos mágicos/curativos para hacernos paso entre batidas de caza, pelotones enemigos y jefes finales. Algo que deja la impresión de estar trabajado a conciencia sobre los cimientos del feedback con el fan a través de las tres demos publicadas antes del lanzamiento.

Ya que hablamos de la jugabilidad conviene hacerlo también de su nivel de dificultad, algo que deja mucho que desear y que sinceramente no supone un gran desafío. Es fácil de superar por casi todo el público y más que requerir habilidad o destreza, lo que nos exige el título es tiempo para incrementar el poder de los cuatro protagonistas (subiendo de nivel cada vez que hagamos noche en hoteles, caravanas o tiendas de campaña), tiempo para farmear, tiempo para realizar las misiones secundarias y tiempo para aceptar un buen número de batidas de caza que nos hagan sacar pecho de nuestro poderío. Esto último, además de ser lo más divertido de la entrega, se convierte en un instrumento indispensable para aquellos que busquen experiencias más atrevidas que la historia principal.  Y es que, para este que os escribe, la única vez que ha aparecido la temida pantalla de Fin de la partida fue tras un accidente con el coche volador.

Volar con el coche real se me da regular y no me terminan de cuadrar los aterrizajes, vale, pero es clave si quieres descubrir todos los secretos que esconde el inmenso mapa de Final Fantasy XV. El mundo te hace sentir diminuto y parte de un ente vivo (algo que puede sonar a The Last Guardian). No hay rincón donde no pararse a disfrutar con un amanecer, con el paisaje de una noche cerrada o con la calma de un lago antes de un día de pesca. Desde el verde y frondoso terreno de Duscae, pasando por el desierto de Leide y la gris Insomia, hasta la bella e italiana Altissia todo en este enorme mundo parece estar conectado con sabiduría y elegancia, siendo extremadamente importante el uso por un lado; del Regalia para viajar por las solitarias carreteras y por otro, de los chocobos. Ojito con estos famosos bichos porque en esta entrega no van a dejar de sorprenderos campo a través.

En definitiva, el trabajo de mapeado y diseño es excelente en esta décimo quinta entrega de la franquicia. Pocos títulos de Square Enix comparten un mundo tan rico y vivo como el de Eos, y es algo que tras superar la historia principal vais a agradecer de corazón. Nunca deja de apetecer sentir que descubres cosas nuevas, que eres el primero que pisa por esas colinas, que eres el dueño de tal rincón y que eres el encargado de devolver la paz a un mundo que merece toda la calma que respira su naturaleza.

Y ya que hablamos de sentimientos es conveniente analizar el papel de la música en esta épica aventura. La saga Final Fantasy siempre se ha caracterizado por servirse de grandes composiciones para elevar las historias a un estadio de grandeza y pomposidad muy característico y distintivo en sus juegos. La música engrandece y casa de forma brillante con la historia de este joven príncipe que reclama su trono acompañado de sus mejores amigos. Yoko Shimomura nos demuestra su singular talento regalándonos un trabajo de tal epicidad que podemos catalogarlo como una de las mejores composiciones, ya no solo de la saga, sino de su dilatada carrera.

Una obra rica en dinámicas y detalles preciosistas que hacen que los momentos álgidos de la historia se conviertan en minutos para enmarcar y volver a repetir sin descanso. Yoko Shimomura no falla, pero es que ella casi nunca lo hace. Vuelve a estar a la altura para traernos piezas que permanecerán con nosotros por y para siempre.

Y si sois más clásicos y os apetecen escuchar antiguos hits de la saga, no hay problema, nuestro modesto coche real dispone de un enorme reproductor que a golpe de cruceta cambia temas de la discografía Final Fantasy a nuestro gusto. Todo un lujo.

Tras todo lo comentado anteriormente llega el momento clave del análisis. ¿Pesan más los errores que los aciertos en Final Fantasy XV? No es un pregunta fácil, desde luego que no, pero tras meditar y valorar detenidamente la propuesta de Hajime Tabata con este título, no cabe más que alabar su trabajo y disfrutar con tranquilidad de uno de los juegos de la saga que más interés ha demostrado por brillar. Ya sea por su complicada gestión o por los fallos narrativos, el juego siempre ha estado en la cuerda floja, pero por encima de todo esto se alza el entretenimento. Pasar más de 60 horas con algo que parece no estar cerrado deja claro que, aun con alfileres en su narrativa, Final Fantasy XV es un juego extremadamente adictivo y para casi todos los públicos. Algo que ya anticipan en el arranque del juego con el cariñoso y revelador mensaje: “A los jugadores de siempre y a quienes hoy descubrís Final Fantasy”.

En resumidas cuentas, no estamos ante el mejor juego del año y ni siquiera ante un top 5 de la franquicia, pero sí ante uno de los mayores retos a los que posiblemente su desarrolladora haya hecho frente. Y esto, para una compañía como Square, es decir muchísimo. Ojalá el tiempo y los DLC que están por llegar pongan a Final Fantasy XV en el lugar que se merece, porque el potencial del título es tan enorme, tan rico y tan sincero que ni nosotros mismos podemos intuir el devenir de la saga tras esta entrega, pero sí ser conscientes de que es el primer paso de un futuro extremadamente esperanzador para los seguidores de Final Fantasy.

Sed valientes y adentraros con firmeza en el mundo de Noctis, Prompto, Ignis y Gladio. El viaje merece mucho la pena.

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Hago canciones, el imbécil y a veces escribo sobre videojuegos. Moriré pensado que Game Boy Camera fue el mayor invento de los 90'.

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